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sinopsis

En una casa donde abunda la imaginación y viejos maniquíes, David espera cada día la llegada de su hermano Pedro, que trae consigo un toque de realidad. 

SOBRE LA HISTORIA

El proceso creativo de un escritor puede iniciar a partir de una buena conversación, la lectura de un libro, la apreciación de una canción. En el caso específico de este proyecto, la idea comenzó cuando me encontré con la serie fotográfica "Summer Camp" del artista Bernard Faucon.

Algo en estas imágenes me causaba mucha familiaridad y al mismo tiempo me extrañaba. Un sentimiento de nostalgia se apoderó de mi junto al deseo de construirle una historia a las escenas que veía de niños jugando en medio de maniquíes inertes que aparentaban tener vida.


Esta serie fotográfica me generó varias preguntas: ¿Qué está pasando en ese espacio? ¿En dónde se encuentran? ¿De qué tiempo son estos personajes? y la que más inquietud me generaba ¿Dónde están los padres de los niños?


Y fueron esas preguntas el corazón para armar la narrativa de este cortometraje.
Cuando supe que mi historia sería producida, le compartí al director mis intenciones con el proyecto. Por una parte me seducía mucho la idea de generar misterio en el espectador, que se sintiera parte del mundo que habitan los personajes y también que esas preguntas no fueran resueltas por nosotros como creadores. Cada quién tenía la oportunidad de llenar esos espacios.
Inocentemente, lo que buscaba era generar identificación con el otro. Apelando a la niñez de nuestro protagonista, repasé los relatos que me gustaba de joven y entendí que eran los cuentos de aventura y fantasía un recurso que podía aprovechar para esta identificación.

PERSONAJES

 

¿Cómo construir un personaje que habita con su pasado?

Pedro y David son uno mismo. Me parece que en el cortometraje no se deja muy en claro, pero lo que vemos es la reconstrucción de la nostalgia. Aunque en la historia se puede interpretar como su hermano, David es, en esencia, un niño perdido, la encarnación del pasado de Pedro. Me resultaba confuso poderlo explicar, ¿cómo es posible que una misma persona habite dos tiempos? La respuesta, creo, es que no se trata de un viaje espacio-temporal, sino de un viaje hacia la memoria de Pedro.

El conflicto principal de Pedro es la imposibilidad de avanzar. Para David es ver a sus padres y seguir divirtiéndose. Es por esto que, David y Pedro son antagónicos. Para que Pedro pueda avanzar, debe liberarse de su pasado y por lo tanto matar simbólicamente a su yo anterior.

 

Quizás por eso la sensación de varios colegas con los que he platicado es que Pedro es el villano, pues la historia está contada desde el punto de vista de David. Me parecía difícil entender esto, pero nuestro asesor y maestro insistía que uno de los dos personajes debía ser el antagónico y que debía definir cuál era el punto de vista de la historia, al final creo que fue lo mejor para la historia.

 

Poco después de haber concluído el rodaje, me encontré con lo que se conoce como el Síndrome de Peter Pan que básicamente hace referencia a la incapacidad de crecer y madurar por idealizar mucho una infancia. No tenía idea que este término existía y ahora entiendo que mis inquietudes y las decisiones creativas del equipo tienen sustento en teorías psicológicas. Me parecía gracioso que en español, Pedro fuera el símil de Peter y por eso decidí darle ese nombre. En el caso de David, la razón fue que este nombre lo asocio a la realeza por las canciones de cumpleaños y mi justificación es que David es el rey de su mundo imaginario en el que convive.

Ahora bien, existen otros personajes de los que no he discutido, se trata de los maniquíes. Inicialmente me imaginaba la historia con una decena de maniquíes de diferentes proporciones y estilizados como en las fotografías de Bernard Faucon. Por temas presupuestales tuvimos que realizarlos a mano, cosa que fue un gran esfuerzo por parte de todo el equipo de arte y de lo que agradezco pues ayudó a diferenciarnos un poco de la referencia inicial.

Me hubiera gustado desarrollar en cada maniquí una vida interior, al final nos concentramos en escoger uno y establecer un vínculo con David. Para esto, debía tener un diferenciador y ser nombrado. Al final bautizamos a un maniquí como Leo, decidimos que fuera el mejor amigo de David, su confidente. Esto nos sirvió también para conocer la faceta más divertida de David.

AMBIENTES

Cuando comencé a desarrollar la historia pensaba en que todo podía ocurrir en una sola locación. Si de lo que se trataba Los Niños Perdidos es de recordar la infancia ¿por qué no desarrollar el guión con el retorno a una casa?

 

Recién había leído las obras de Juan Rulfo y quedé fascinado con su forma de escribir. Pensaba mucho en el realismo mágico de Pedro Páramo y en el pueblo de Comala, también me obsesioné con las fotografías que Juan Rulfo tomó a lo largo de su vida.

La casa donde íbamos a filmar debía aportar misterio y ser un espacio que no fuera convencional. Mi intención era que se sintiera un lugar atemporal, un espacio donde un niño pudiera jugar y permitir que su imaginación construyera un mundo propio.

 

Debía también, estar alejada de la civilización y contacto externo. Comencé a dibujar en una libreta un plano de cómo me imaginaba el entorno y para mi sorpresa logramos encontrar una locación que cumplía con muchas de las características que desarrollamos en papel.

Ubicadas en Candela Coahuila, nuestra asistente de foto nos propuso varias casas abandonadas que se apegaban mucho a lo que buscamos. Tuvimos que convencer al equipo que la mejor decisión era viajar y experimentar el lugar.

Cuando llegamos, nuestras preocupaciones se disiparon y el equipo se entusiasmó por la posibilidad de filmar en una casa abandonada con un enorme nogal en medio y un amplio patio donde se podía filmar, cerca de un campo de cultivo con una vista a unas hermosas montañas.

 

COLORES y texturas

Cuando pienso en la infancia (más específicamente la que me tocó vivir) se abre un abanico de colores en mi cabeza. Me resultaba difícil descartar los rojos, el amarillo, el azul marino y los verdes, colores con los que conviví cuando jugaba en mi habitación o en el patio de mi casa. Los Niños Perdidos debía compartir eso pues era un joven jugando de nuevo con sus maniquies, experimentando y viviendo su pasado de una manera idealizada y colorida.

Las texturas, por otro lado, debían ser un poco más hostiles. Me gustaba la idea de incorporar el presente de Pedro a través de las ruinas, de maderas avejentadas, ladrillos y paredes con grietas, polvo y telarañas.

VESTUARIO

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